«Cada pecado conlleva una culpa y una pena. La culpa se perdona en la confesión pero falta la expiación”. Massimo del Pozo (Pontificia Universidad de la Santa Cruz)
El Jubileo de la Misericordia comenzó el día 8 de diciembre de 2015, día de la Inmaculada Concepción.
El martes, día 8 de noviembre, y antes de la clausura de las Puertas Santas del Año de la Misericordia -el domingo 13 de noviembre se cerraron las Puertas Santas en el mundo y el día 20 el Papa Francisco puso fin al Año de la Misericordia con el cierre de la última Puerta Santa que permaneció abierta hasta ese día en la Basílica de San Pedro en el Vaticano-, algunas catequistas y madres tuvimos la oportunidad de realizar nuestra pequeña peregrinación ganando de esta manera la indulgencia plenaria tras cumplir con los requisitos mínimos: confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Papa, entre otros.

La Puerta Santa significa todas esas cosas buenas y renovadas que tiene que poner el cristiano para cambiar de vida. Cruzar la Puerta Santa “no es nada mágico”. Lo que la persona va a sentir “es aquello para lo que se ha preparado”. (Catholic.net)
Fue un momento lleno de emoción donde se podía sentir una actitud de conversión y de deseo de recibir la gracia de Dios.
¡Cada día más cerca de Dios!



















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